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18.Jun.2020 / 09:14 pm / Haga un comentario

El Covid19 ha puesto de manifiesto la inefectividad de los esquemas de integración que privilegian el funcionamiento de la economía por encima del ser humano, bajo la oferta de construir espacios donde se alcance una mayor competitividad a través de la libre circulación de la fuerza de trabajo, bienes, tecnología y servicios que impulsen el crecimiento económico. En nuestro hemisferio, apreciamos formatos cepalistas y neoliberales, reforzados por la Alianza para el Progreso y el Consenso de Washington, que han quedado al desnudo para enfrentar la pandemia: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Mercado Común del Sur  (MERCOSUR), la Alianza del Pacifico (AP), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y los Tratados de Libre Comercio (TLC).

Razón, tuvo el comandante Chávez para fomentar conjuntamente con la ola de gobiernos progresistas en Latinoamérica, de la primera década de este siglo,   gestiones gubernamentales no convencionales en busca de la superación de la pobreza y desigualdad existente en la región. Para tal objetivo, se propusieron aprovechar las bondades y fortalezas de cada nación, para colocarlas en función de los intereses comunes mediante proyectos de integración, partiendo de la complementación comercial, financiera,  tecnológica, cultural y social.

En el año 2004, Hugo Chávez y Fidel Castro acuerdan la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la cual en el año 2006 con la incorporación de Bolivia tras el triunfo de Evo Morales se incluye el Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), lo que condujo a la denominación (ALBA-TCP). Un año más tarde, nace la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y se cristaliza la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el año 2011.

Una época de integración con inspiración bolivariana y martiana, basada en la justicia social con nuevos consensos políticos y preferencia en  los derechos sociales y autonomía en la implementación de las políticas públicas, lo cual fue calificada por Pia Riggirozzi y Diana Tussie (2010)[1], como un regionalismo “post-hegemónico”. En este sentido, destacamos inicialmente al ALBA-TCP como una alianza de países que unieron sus capacidades y fortalezas, “en la perspectiva de producir las transformaciones estructurales y el sistema de relaciones necesarias para alcanzar el desarrollo integral requerido”[2].

El ALBA-TCP supera la visión economicista, al establecer como prioritario, convenios en el área educativa, de salud, cultural y de seguridad cooperativa; por ejemplo, el programa de alfabetización “Yo sí puedo” que ha enseñado a leer y escribir a más de cinco millones de pobres, la misión milagro para la atención de afecciones oftalmológicas, el intercambio y formación de médicos integrales que no solo han atendido a los sectores más alejados y vulnerables, sino sirven de modelo para el mundo entero al demostrar como enfoques integracionistas de orientación bolivariana –atacados de forma inclemente por el imperialismo- han obtenido mejores resultados en temas tan complejo como la pandemia que azota el planeta.

 

@RamonLoboPSUV / RamonLobo@mastodon.social

[1] Riggirozzi, P. y Tussie D (2010). The Rise of Post-Hegemonic Regionalism

[2] https://www.portalalba.org/index.php/alba/documentos/35-que-es-el-alba-tcp [Recuperado el 16 de junio de 2020]

 

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