Ramón Lobo

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3.Abr.2019 / 12:13 pm / Haga un comentario

Autor: Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu

Venezuela es sometida a una intensa terapia de caos, la sistemática campaña de los medios, la labor de influencia permanente, la compulsión a cometer actos violentos contra sectores de la clase media,  todo forma parte de un bien elaborado plan.

La guerra económica provoca escasez, los hábitos de consumo enraizados en la cultura burguesa son afectados, el ataque constante genera sentimientos de inseguridad, de pavor y ansiedad, mantiene a las personas conectadas al odio, las llevan al límite de la resistencia, les mienten, les movilizan; mueve con destreza los hilos de ese odio, convierte a la población en una bomba de tiempo, lista para explotar en cualquier momento.

Se «prepara el terreno» con el objetivo de provocar una gran confusión mental, ante la avalancha de hechos, de mensajes, de falsas noticias, ante la escasez, la falta de agua, los apagones, los atentados, etc. «Los ciudadanos caen en un estado de regresión tal, que no pueden pensar racionalmente, ni proteger sus intereses», dicen los manuales de la CIA. En ese estado muchas personas son manipuladas con facilidad y, según la Agencia, pueden renunciar a sus creencias.

Así funciona la estrategia: un ataque terrorista, el colapso del mercado, guerra, huracán, grandes apagones eléctricos, lleva a la población de un país a un estado de caos colectivo, para quebrar la voluntad de las sociedades, dispersar su capacidad de movilización y de respuesta.

Durante el golpe de Estado en Chile en 1973, mientras las fuerzas armadas desplegaron un contingente impresionante contra el Palacio de la Moneda, bombardeado salvajemente, con el propósito de causar terror, de paralizar, las fuerzas represivas se movieron contra las fábricas y comunas, detuvieron y asesinaron a cientos de personas en las primeras horas. Tanques, aviones, cañones y cientos de soldados contra un puñado de fieles, junto al presidente.

El país vivía desde hacía meses en una tensión permanente y el rumor de un golpe crecía. Los militares desencadenaron una furibunda represión contra los partidarios de la Unidad Popular (UP), que se saldó con miles de detenidos y centenares de muertos.

El plan estaba elaborado con anticipación, conocían los nombres y lugares, fueron a los sitios exactos para paralizar la resistencia. Las torturas aplicadas, según narran los testigos, iban dirigidas a más que obtener información a quebrar al individuo.

También en Chile ocurrieron grandes apagones, previo al golpe y se buscó crear una profunda desorientación, miedo y ansiedad agudos en las personas.

En Argentina, el escenario del golpe fue también previamente elaborado al detalle, fueron con exactitud a buscar a los líderes sindicales, a los grupos obreros que podían resistir la política neoliberal, que era la plataforma de los militares y sus jefes.

La maquinaria del terror buscaba eliminar a toda una generación física y psicológicamente. La experiencia de la CIA en la tortura, los experimentos que buscaban deshumanizar a los prisioneros, privarlos de su identidad, «realizar un borrado seguro», sirvieron de paradigma al shock.

Fueron empleados choques eléctricos, sumergimientos, privación de sueño, inducción de suelo prolongado, aislamiento sensorial, prácticas que se usan hoy contra los prisioneros en la ilegal prisión de Guantánamo.

IGUALES OBJETIVOS

En todos los países de Sudamérica, las grandes transnacionales no solo brindaron sus espacios para crear centros de tortura, como fue el caso de la Ford, sino que colaboraron con los militares, entregaron a los dirigentes sindicales, a los obreros «molestos» y participaron en el plan para lograr construir el estado neoliberal.

El secuestro de los hijos de prisioneros nacidos en cautiverio, para reubicarlos en nuevas familias de la derecha (militares, funcionarios, políticos) formaba parte del proyecto de destrucción de una generación.

El Cono Sur fue el terreno del caos para lograr implantar el dominio económico de las transnacionales; después de los golpes vinieron el desempleo, la precariedad de los salarios, el control de los sindicatos sobrevivientes, las políticas de austeridad.

EL ESTADO DE SHOCK

«El ejemplo más claro fue el 11 de septiembre del 2001. Para millones de personas el mundo que les era familiar estalló en mil pedazos y dio paso a un periodo de profunda desorientación y regresión que la administración Bush supo explotar con pericia. De repente, nos encontramos viviendo en una especie de Año Cero, en el cual todo lo que sabíamos podía desecharse despectivamente con la etiqueta de antes del 11-s»[1].

La doctrina del shock reproduce este proceso paso a paso, en su intento de lograr a escala masiva, lo que la tortura individual logra en la sala de interrogatorios: destruir la capacidad de una sociedad a responder, acabar con los sentimientos de solidaridad y de ayuda colectiva, transformar al individuo en un ser temeroso, individualista, cuyo único objeto es sobrevivir.

Un ejército de especialistas se materializó rápidamente para escribir nuevas y sugerentes palabras sobre nuestra conciencia postraumática: «choque de civilizaciones», «eje del mal», «fascismo islámico», «seguridad nacional».

Con el mundo preocupado y absorto por las nuevas y mortíferas guerras culturales, la administración Bush pudo lograr lo que antes del 11 de septiembre apenas había soñado: librar guerras privadas en el extranjero y construir un conglomerado empresarial de seguridad en territorio estadounidense.

VENEZUELA RESISTE

Contra toda lógica imperial, Venezuela resiste. Washington ha tropezado con un obstáculo, que no pueden dilucidar las supercomputadoras y los superagentes y profesionales del caos: la insumisión, la convicción de resistir.

Millones de hombres y mujeres contraponen ese elemento principal: la solidaridad para resistir, a los maestros del terror, el caos y la ingobernabilidad.

Tras el sabotaje contra el Guri, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, instó a la comunidad estudiantil a retomar las actividades escolares en resistencia.

Las actividades escolares, que fueron suspendidas luego de los ataques efectuados al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), se reactivaron este 3 de abril: «En medio de la batalla lo mejor es volver a clases, hagamos un esfuerzo, porque saldremos victoriosos», detalló el jefe de Estado, en respuesta a la guerra planeada y ejecutada desde Estados Unidos para dificultar la vida del país.

El Gobierno nacional dio instrucciones al Ministerio del Poder Popular para la Educación de reprogramar el año escolar y recuperar los días perdidos.

Paralelamente entró en vigencia, desde el domingo 31 de marzo, un Plan de 30 días para ir a un régimen de Administración de Carga y de equilibrio, con el objetivo de restituir de manera progresiva el sistema de energía nacional al pueblo venezolano.

A cada ataque, a cada intento de desestabilización responde el pueblo venezolano, respuesta que no deja de asombrar al mundo y que debería ser una señal de alerta para los maestros del caos. Los valores que la Revolución chavista sembró en estos años, son el principal antídoto contra el shock.

[1]Klein, Naomi.La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre.

 

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