Ramón Lobo

Artículos

16.oct.2015 / 08:51 am / Haga un comentario

Caracas, 15 Oct. AVN.- Sin tapujos ni medias tintas. Alejado del foco de las cámaras y el apretado corset de la corrección discursiva, el presidente de empresas Polar, Lorenzo Mendoza, por fin pudo tener una conversación franca con su amigo entrañable y, antes que nada, se disculpó: “¿qué pasó, Ricardo? Que estás arrecho conmigo, que no te tengo en tus afectos. Pana, no, yo estoy en la guerra. Sabes que yo te quiero mucho. No joda, chico”.

“Yo sigo, o sea, preocupado en mil vainas pero con mi corazoncito puesto en Venezuela”, le respondió su amigo Ricardo Hausmann, profesor en Harvard, quien trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo entre 1994 y 2000, fue ex ministro de Planificación de Venezuela durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, antiguo miembro del Banco Central de Venezuela (BCV) y que también estuvo en la plantilla del Fondo Monetario Internacional (FMI), según consta en el currículo publicado en la web.

“Ahora podemos hablar tranquilos, tranquilos”, insistió Mendoza. En lo íntimo no hicieron falta los eufemismos. El audio de cinco minutos divulgado la noche del pasado miércoles dejó claras tres ideas: el plan de salir del gobierno del presidente Nicolás Maduro con ayuda internacional, la aplicación de un paquete macroeconómico del FMI para los venezolanos y la hipoteca del país al capital privado.

“No es posible pensar en una salida a Venezuela a este peo sin ayuda internacional sustancial”, le dijo Hausmann a su amigo Mendoza, quien, para más señas, es el dueño de la tercera fortuna más grande de Venezuela, apenas superada por la del empresario Gustavo Cisneros y el banquero Juan Carlos Escotet. El nombre de Mendoza está en el puesto 690 del ranking Forbes.

Con “sustancial” Hausmann se refería al FMI. La recomendación no sorprende. En el período que fue ministro del CAP, el sucesor del Miguel “paquetico” Rodríguez, fue el encargado de instrumentar el paquete neoliberal que produjo el estallido social del 27 de febrero de 1989, disparó los intereses bancarios, congeló los salarios, aumentó los servicios y recortó la inversión social. Antes de eso, refiere un artículo del economista Luis Salas, estuvo detrás del gobierno de Luis Herrera Campins en los albores del Viernes Negro y aquella frase del ex presidente venezolano: “la banca nos engañó”.

“Sólo unos pocos como la familia Mendoza lo recuerda con gratitud, pues gracias a sus dotes de planificador pudo la Polar consolidar su monopolio local”, sostiene Salas en su artículo. A juzgar por eso, la confianza entre ambos resulta natural.

Por eso, en la conversación, Hausmann le cuenta a Mendoza que se ya ha reunido con el FMI y le ha puesto una condición: “que tengamos una reunión en petit comité para hablar a calzón quitao de qué coño haríamos (…) de qué estaríamos hablando, en qué contexto”.

El precedente de Hausmann como negociador permite inferir de qué se trataría esa conversación. El paquete de FMI, impuesto al país a finales de los ochenta y a principios de la década de los noventa, se vendió como “la única opción” que tenía Venezuela bajo la prédica del libre mercado. En la práctica, implicó la depresión de los salarios reales y la reducción del déficit fiscal con la única finalidad de todo “ajuste”, que no es más que garantizar el pago de la deuda.

El resultado de la “disciplina fiscal” fue previsible. “A la gente se le pintó un panorama engañoso que los sacrificios de 1989 serían compensados a partir de 1990″, escribiría en 1991 el economista Miguel Purroy en la revista Élite. El panorama empeoró y CAP ni siquiera pudo demostrarle al país la supuesta efectividad de su plan de “ajuste macroeconómico” porque fue destituido en 1993 por corrupción.

Pero ese ejercicio de memoria no se hace con un amigo tan cercano a CAP. “Lo que me estás diciendo es el ABC de lo que nos va a tocar y las únicas personas que están en capacidad para entender eso, y para poder procesarlo, eres tú y tu grupo, y algunos aliados que tú puedas tener cerca de donde tú estás”, responde Mendoza a la sugerencias de Hausmann.

Además del ajuste del FMI, el catedrático de Harvard propone a su amigo implementar una estrategia de Inversión Social Privada, que no es más que la entrega del país al capital foráneo, o, en palabras de Hausmann: “lo llaman eufemísticamente Private Sector Involvement (PSI), o sea, ‘nosotros ponemos plata en Venezuela para ayudar a Venezuela, pero los otros acreedores se joden también’”.

Las referencias más recientes de la “efectividad” de las PSI se ven en países como Grecia. En 2012, el gobierno pactó destinar gran parte del préstamo de la Unión Europea y el FMI para financiar la PSI, mediante “incentivos” y recapitalizaciones bancarias, lo que le da derecho a los acreedores -en caso de impago- para confiscar las reservas de oro. Esa estrategia sirve únicamente para atrasar por décadas los vencimientos de la deuda y continuar, ad infinitum, la reestructuración de la misma. ¿El resultado? Grecia ha incurrido en impago y ya tiene una deuda acumulada que supera los 2.000 millones de euros. El plan de “rescate” ha sido un fraude que los griegos han pagado a los bancos.

“Yo creo en este momento y creo que los plazos están más o menos bien. En este momento, nosotros estamos con el talento y la capacidad de hacer un plan de ajustes para Venezuela”, insiste Hausmann a Mendoza. Sin embargo, la política económica de un país la definen los gobiernos y en la actualidad ni el ex ministro de CAP ni el dueño de Polar ocupan puestos en el gabinete del Presidente Nicolás Maduro.

Aunque la derecha ha coqueteado con las aspiraciones presidenciales de Mendoza, el dueño de Polar ha preferido mantener su figura de “outsider” de la política después del fracaso del golpe de Estado de 2002 contra el Presidente Hugo Chávez, cuando su empresa -que controla un gran monopolio de productos alimenticios y bebidas- se unió abiertamente al sabotaje económico.

Pero la soterrada visión neoliberal de Mendoza no dista de la esgrimida públicamente, con el tamiz del refinamiento, por la oposición. De hecho, con una elección parlamentaria en puertas, factores de la derecha han asomado en su plan legislativo lo siguiente: “construir una Venezuela del Primer Mundo, con una economía libre, abierta”.

Por eso, con la convicción de viejos amigos, Hausmann remata: “no hay ninguna otra concentración de know how y talento como el que tenemos ahorita”.

 

AVN
 

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